Como SI empezar a abordar la salud mental


 Como SI empezar a abordar la salud mental.

Anteriormente, ya habíamos comenzado a abordar el tema de la deficiencia en la política pública en materia de salud mental, pues esta se reduce solo a la proporción de sesiones gratuitas con el psicólogo. Esto no atiende el problema en sí, sino que más bien trabaja sobre las consecuencias de la proliferación de una cultura de degradación.

Para no atiborrarnos de información, en este artículo no nos vamos a remontar a los inicios de la cultura de degradación. En su lugar, nos concentraremos en proporcionar alternativas para atender el problema de la salud mental que ha causado el disparo en las cifras de suicidio, al menos en México.

De entrada, para abordar el problema de la salud mental de forma efectiva, primero hay que clasificar a las poblaciones objetivo. En el caso de la salud mental, no hay una única política pública que funcione, o mejor dicho, lo único general que podría hacerse es lo que ya se hace: brindar servicios psicológicos gratuitos.


No es la misma atención en salud mental para un adulto mayor que la que requiere un joven, y tampoco es la misma para un joven que para un adolescente. Incluso en personas del mismo rango de edad, la atención no puede ser idéntica para un hombre que para una mujer. Esto no se debe a cuestiones de género, sino más bien a aspectos biológicos de tipo hormonal.

Como se mencionaba, las acciones para atender el problema de la salud mental deben ser por sectores. Por ello, en esta ocasión nos vamos a enfocar en el sector joven-adolescente, ya que, al estar en un proceso de secreción hormonal más intenso, son más vulnerables a degradaciones culturales y a la manipulación externa.

La Identidad como Base de Solución

Es en el punto de la identidad en el que vamos a empezar a trabajar el cómo sí abordar el problema, porque la identidad sirve como base para construir valores, cosmovisiones, moral y sociabilidad. Es también a través de la identidad que se busca la aprobación y validación social, lo cual tiene una repercusión directa en la autoestima.


Así, estas son las 3 acciones a tomar para construir una identidad sólida en los jóvenes y adolescentes de todos los estratos sociales:

  1. Detener la implementación de políticas públicas que promueven sociedades pluriculturales y el globalismo político. Estas políticas no contribuyen tanto como se piensa, pues no solo impiden la absorción de buenos hábitos o prácticas, sino que desarraigan al individuo de la conexión con su entorno y contexto. Los despojan de valores y cosmovisiones comunes, propician la ausencia del sentido de permanencia y fortalecen la hipercomparación con realidades ajenas a las propias posibilidades.

  2. Redirigir el gasto en cultura "pop" para espectáculos públicos e invertirlo en la proliferación de la cultura identitaria. Esto incluye la promoción de la historia, los mitos fundacionales, las vestimentas tradicionales, la gastronomía, las lenguas y el embellecimiento arquitectónico de las ciudades con base en modelos aspiracionales que ilustren la "perfección" y lo mágico.

  3. Restringir el uso de redes sociales a los niños y adolescentes. Estudios psiquiátricos realizados en EUA han demostrado que el uso de las redes sociales y medios digitales de comunicación (como pueden ser incluso videojuegos tipo Roblox) no solo tiene repercusiones graves en el desarrollo cerebral de los niños y adolescentes, sino que los sobreexpone a la crítica y la convalidación social.

    Información propia de Meta ha logrado comprobar, por ejemplo, cómo las adolescentes de 15 años pasan demasiado tiempo "deslizando" contenido en Instagram. Es precisamente en Instagram donde más incómodas se sienten, pues al ser una red social enfocada a lo visual, se comparan con figuras de mujeres de 20 años o más y se sienten mal con su propio cuerpo. Esto causa una dismorfia corporal que puede transmutar en un trastorno alimenticio y, en casos más graves, en el suicidio.

    Para evitar estos problemas de sobreexposición social, es preciso prohibir a través de una norma el uso de redes sociales en niños y adolescentes, de modo que la norma pueda servir de base para castigar la negligencia de los tutores, quienes son los responsables del bienestar del menor.

    Y es así como sí debemos empezar a solucionar el problema de la salud mental, al menos en la población joven.



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